Un estudio del año 1998 a cargo del Instituto Füller, dio a conocer una estadística realmente preocupante, el 90% de los pastores no llegarían a jubilarse, debido a que dejarían el ministerio por diversos factores. Y me entristece saber que yo iba rumbo a ser parte de esa estadística.

Lo que me sucedió era el resultado de muchas decisiones pobres y tontas que fui tomando a lo largo de los últimos años. Hoy en día, creo firmemente que nadie arruina su vida de la noche a la mañana, sino que, esa ruina es producto de muchos pasos destructivos que a primera instancia no vemos como malos, pero al fin y al cabo los tomamos y hasta muchas veces  justificamos.

Pero, ¿qué fue lo que sucedió? te estarás preguntando; bueno, te lo pongo de esta manera: SIMPLEMENTE COLAPSÉ, llegué al agotamiento total, frustrado, cansado y deprimido; estaba dirigiéndome hacia la autodestrucción. Sentía que me estaba fundiendo y que éste desgaste era irreversible. Y ahora, cuando lo pienso mejor, me di cuanta que en 16 años de servir en el ministerio a tiempo completo, nunca tuve un mantenimiento, nunca fui a consejería, ni pedí auxilio. Supongo que creía que yo era más que suficiente para mantenerme saludable y enfocado, pero simplemente me estaba dirigiendo hacia el final de mis días.

Dicen que “quien no conoce su historia está condenado a repetirla“. Lo que viví, es algo que nunca más desearía experimentar y menos que las personas que amo, pasen por algo así; es por eso, que después de meses de meditación, redacto algunos de los pasos nocivos que fui tomando, lo cuales me estaban conduciendo a un punto de destrucción. Y lo escribo, porque deseo recordarlos y permanecer atento, para nunca mas regresar a ese camino.

“Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que ARRUINAN nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor.” (CANTARES 2:15 NVI)

Siempre he creído que, “el problema no es el problema”; a veces nos enfocamos en la gran desgracia, pero no vemos cuales fueron los pasos que nos llevaron a eso. Yo lo llamo, las pequeñas zorras que tienen la capacidad de arruinar grandes campos. Y aquí enumero, sin ningún orden en particular, estas pequeñas acciones que se camuflan tan bien, pero que terminaron por arruinar mi vida.

DESCUIDE HÁBITOS ESPIRITUALES
Mis primeros años de ministerio estaban llenos de ayuno, oración y palabra de Dios; pero poco a poco, sin darme cuenta, comencé a dejarlos a un lado. Cuando estudiaba la Biblia, solo era para la preparación de mensajes, pero no buscaba alimentarme personalmente, pensaba que con el estudio bastaba. Los tiempos de oración fueron disminuyendo, y el ayuno era casi nulo. Hoy en día, creo que estos hábitos son los pilares para una buena salud espiritual.

DEJÉ DE DIVERTIRME
Siempre fui una persona alegre, me gustaba divertirme, me gustaba jugar, amaba reír. Permití que el estrés me robará el gozo, vivía tensionado y tensionando a otros. Lo que era mi vocación se convirtió en un trabajo más. No podía recordar la ultima vez que me había divertido. Mi vacaciones consistían en 3 a 4 días, pero los usaba para visitar iglesias y aprender acerca de sus respectivos ministerios, y para el colmo, me mantenía conectado a la iglesia por el celular. No ere de sorprenderme, que vivía estresado y molesto todo el tiempo.

SENTÍA QUE LA GENTE ME ASFIXIABA
Por alguna razón trataba de aislarme, me sentía abrumado, asfixiado y comencé a delegar todo aquello que estaba relacionado con las personas. Irónicamente el objetivo de mi labor era guiar y desarrollar a las personas, pero huía a esta responsabilidad. Simplemente construí un muro donde no permitía que nadie vea al verdadero yo.

PENSABA EN RENUNCIAR A MENUDO
Tenia la costumbre de imaginarme en otra vida, haciendo otras cosas, desarrollando posibilidades de empezar de nuevo en otro lado. Me sentía frustrado con mi labor y en mi mente había una voz que decía, que yo no era la persona ideal para esta posición y que lo mejor que podía hacer era hacerme a un lado y permitir que alguien más capacitado asuma el liderazgo. Este pensamiento no me permitía dar lo mejor de mi.

SACRIFIQUE A MI FAMILIA
Simplemente era un zombie en la casa. Tengo que reconocer que Dios me bendijo con una esposa maravillosa y una hermosa hija, a las cuales lastimé profundamente al no dedicarles el tiempo que se merecen. Cuando mi esposa me hablaba o mi hija quería jugar conmigo, en mi cabeza solo estaban todas las cosas que tenia que hacer. Y cuando alguien me llamaba, sin importar la hora, salia rápidamente a atender la emergencia, dejando a mi familia por “el ministerio”. Estaba siempre para todos, menos para mi familia. En el seminario se impartía la idea que lo más importante era el ministerio, pero de nada sirve edificar una iglesia, si pierdo a mi familia.

NO TENIA DESCANSOS
Aún el “día libre” lo usaba para avanzar. Me acostaba tarde, me levantaba temprano. Dormía entre 4 a 6 horas. Comencé a decirle “SI” a todo lo que otras personas querían, en verdad me costaba decir “NO”, y eso me aumentaba la carga. Y comencé a repetir una mentira en mi cabeza: “Esta es solo una etapa agitada, ya pasará”, pero la verdad que no pasaba, sino que se volvía más y más difícil. Me estaba matando, desgastando, no dormía bien, no comía bien. Un profesor me dijo una vez que, “los pastores peruanos, no podíamos darnos el lujo de  tener un día libre a la semana como los misioneros, porque el diablo no descansa y debemos estar alertas”, y lo que en un principio me pareció un buen consejo, ahora pienso que era un pésimo ´habito, ya que el diablo nunca debe ser nuestro ejemplo. Triste es decir, que ese profesor, ya no está en el ministerio hoy en día.

ME AFECTABA MUCHO LO QUE OTROS DECÍAN DE MI
Le di mucho espacio a las opiniones de otros en mi vida; lo que les gustaba de la iglesia y lo que no, lo que les gustaba de mi y lo que no, como debía hacer las cosas, simplemente me olvide de lo que Dios quería, porque temía perder MAS gente. Buscaba complacer a muchos, quedar bien con todos, pero era bien agotador. Me di cuenta que por más que me esforzaba en complacer a las personas, nunca era suficiente, trataba de agradarles y terminaban yéndose, y entraba en depresión. Hoy soy una persona distinta, hoy le digo a mi esposa y a mi hija: “Con tal de tener a Dios y a ustedes en mi vida, me basta y me sobra”. El pastor Craig Groeschel tiene un dicho que caló mi vida: “La manera de olvidar lo que Dios piensa de ti, es enfocándote en lo que otros piensan de ti.”

EVITABA LOS CONFLICTOS O LIDIAR CON ASUNTOS CRUCIALES
Ya que le huía a las personas, también huía a las decisiones complicadas. Ya me sentía agotado, no quería lidiar con nada más, porque a las justas tenia fuerzas para llegar al final del día. Pero cada vez eran mas grandes los problemas, y pensaba que si lo ignoraba iban a desaparecer, pero no era así. ¡El estrés aumentaba!

PENSAMIENTOS SUICIDAS
No lo voy a negar, había momentos que en mi soledad solo deseaba ya dejar este mundo. Nunca busque ayuda, solo bromeaba sobre el asunto, hacia comentarios sobre cual seria la mejor manera de morir, o si es moriría sería de tal manera que salga en las noticias; y mientras otros se reían  yo solo quería encubrir mi deseo de desaparecer. Si por alguna razón tienes pensamientos como estos, por favor busca ayuda, ya que es un asunto serio.

LLENABA MI CABEZA DE MÚSICA, SERIES, LITERATURA, ETC… QUE NO CONTRIBUÍA
Así como dañamos nuestro cuerpo a través de lo que ingresa por nuestra boca, también perjudicamos nuestro interior con lo que ingresa por nuestros ojos y oídos  La música, las películas, series, libros, etc tienen gran poder, éstos pueden edificarte o destruirte. No te voy a decir que escuchar, que ver o que leer, pero lo que si te puedo decir que tu eliges como te alimentas, y que todo lo que consumes traerá un resultado, bueno o malo, según hayas escogido. ¡Se sabio!

Deseo terminar este post mostrando gratitud primero a Dios, por darme una oportunidad de recuperarme, por no haberme desechado, sino de mostrarme a tiempo el rumbo al cual estaba yendo. También agradezco a mi esposa Laura y a mi hijita Sofía, por haber estado ahí en mis días más negros y haberme tenido paciencia. Y por último a mis consejeros, cuyas palabras eran necesarias para curar todo el daño que me había hecho.

Y aunque ha pasado ya mucho tiempo desde esa etapa oscura de mi vida, no deseo decir que nunca más pasaré por ese “valle de sombra y de muerte”, sino que al contrario deseo andar con cuidado porque se que es fácil caer en lo mismo. Escribir este post me ha tomado muchos meses de meditación y oración, no ha sido fácil pero creo que necesitaba compartirlo.

Deseo darte unas palabras finales, a tí, que estás leyendo este post; deseo que sepas que hay una fuerza espiritual comandada por el diablo mismo, que desea destruirte, y no creas que lo hará de maneras místicas, sino que al contrario, tratará de hacerlo de maneras sutiles, para que creamos que no hay nada de malo. Ten mucho cuidado, sé humilde, busca ayuda y sobre todo entrégate a Dios, ya que Él te ama y tiene buenos planes para ti.

¡Muchas bendiciones!