Pensamientos de un (no tan) joven pastor

30 lecciones en 30 años (3ra. parte)

LECCIÓN # 11 – “Dios no quiere que sea feliz”. ¿Qué? Seguro que te estarás preguntando cómo se me ocurre hacer tal declaración, pero yo creo que es cierta. La felicidad es algo superficial y temporal, y está determinada por circunstancias, por ejemplo, si me dan un aumento, estoy feliz; si ella me dice que sí, estoy feliz; si hay buena asistencia estoy feliz; etc. El problema de la felicidad es que nos hace depender más de lo que sucede y nos hace olvidar a Dios. Yo creo que Dios quiere que en vez de experimentar felicidad, podamos experimentar el gozo que solo él sabe dar, que está presente en las buenas y en las malas.

LECCIÓN # 12 – “A veces la mejor respuesta es NO”. Muchas veces estamos acostumbrados a complacer a todo el mundo, pero el problema de decir SI a todo, es que a veces vamos a perder el enfoque de lo que Dios ha puesto en nuestros corazones. Si algo me desvía de lo que Dios quiere para mi vida entonces diré un NO muy enérgicamente.

LECCIÓN # 13 – “Vive por algo que estarías dispuesto a morir”. La vida es muy corta y la eternidad es muy larga como para vivir para uno mismo. ¿Estás dispuesto a morir por lo que estás haciendo? si dices que no, entonces no estás viviendo realmente, no existe un compromiso.

LECCIÓN # 14 – “NUNCA hay excusa para pecar”. No importa lo que te hayan hecho, no importa cuán enojado estés, no importa si te han traicionado; JAMAS hay justificación alguna para guardar rencor y amargura, ni para cometer algún tipo de venganza. Simplemente nos queda dejárselo a Dios porque Él es nuestro vengador.

LECCIÓN # 15 – “No soy quien otros dicen quien soy, soy quien Dios dice quien soy”. Para una persona tan insegura como yo, esta fue una verdad que fue muy difícil de aceptar como cierta. Por mucho tiempo he estado viviendo según la opinión de las personas que me rodeaban, pero lo que aprendí es que no importa lo que los demás digan de mí, si piensan si soy competente o no para ser pastor, ya no importa. Yo sé lo que piensa Dios de mí y eso es más que suficiente.