21 Sep 2009 @ 7:09 AM 
En el 2001 Capital Christian Center, una iglesia en Sacramento, California, le pidió a Christina Silvas que retirara a su pequeña hija del colegio de la  iglesia, debido a que la señora Silvas trabajaba en un local nocturno como bailarina exótica (stripper).
Seis años antes (1995) el liderazgo de la iglesia había impedido que uno de sus mejores alumnos, Ben Sharpe, participara en la ceremonia de graduación debido al corte del cabello del estudiante, cuyo estilo no cumplía con las “normas” del colegio. Este incidente tuvo repercusión en la comunidad donde protestas y acusaciones de racismo y discriminación se levantaron contra la iglesia.
El domingo pasado el Rdo. Rick Cole se paró frente a la congregación de más de 2,400 personas, y lleno de emoción pidió perdón a la comunidad por cualquier daño o herida  que la iglesia les hubiera causado. Sentados en la congregación se encontraban Christina Silva con sus dos hijas y Ben Sharpe.
Al final del servicio hubo lágrimas y abrazos que aliviaron el dolor, pero no borraron las injusticias cometidas. Fue un momento muy emocionante donde el arrepentimiento y el perdón público fueron necesarios para sanar las heridas profundas que habían marcado a aquella comunidad y congregación.
Nunca pensamos que estas cosas puedan ocurrir en una iglesia, pero cuando usted pasa más de 60 años en ellas, como es mi caso, se da cuenta que la iglesia no siempre es el refugio donde recibimos la comprensión y el amor que todos esperamos. En ocasiones he visto y he vivido las injusticias de líderes que demandan un respeto que no se han ganado y una autoridad que no se merecen. Lamentablemente estas personas en posición de liderazgo, ocasionalmente demuestran más preocupación con el legalismo y las normas que con la condición espiritual del creyente. Al final todo se centra en el poder. La intransigencia y el desamor  los lleva a cometer errores que impactan a toda la iglesia, o sea a cada uno de sus miembros.
Es loable que esta iglesia reconociera su error públicamente, lo cual es poco común, pero aún más importante es que con amor y humildad extendió su mano para buscar el perdón y la sanidad.
El “abuso espiritual” puede tener serias consecuencias en una iglesia. Nunca sabremos cuántas personas se van en silencio sin hacer comentarios, aunque sí con el corazón destrozado por la actitud de algún líder que no midió sus palabras o las consecuencias de sus acciones.

En el 2001 Capital Christian Center, una iglesia en Sacramento, California, le pidió a Christina Silvas que retirara a su pequeña hija del colegio de la  iglesia, debido a que la señora Silvas trabajaba en un local nocturno como bailarina exótica (stripper).

Seis años antes (1995) el liderazgo de la iglesia había impedido que uno de sus mejores alumnos, Ben Sharpe, participara en la ceremonia de graduación debido al corte del cabello del estudiante, cuyo estilo no cumplía con las “normas” del colegio. Este incidente tuvo repercusión en la comunidad donde protestas y acusaciones de racismo y discriminación se levantaron contra la iglesia.

El domingo pasado el Rdo. Rick Cole se paró frente a la congregación de más de 2,400 personas, y lleno de emoción pidió perdón a la comunidad por cualquier daño o herida  que la iglesia les hubiera causado. Sentados en la congregación se encontraban Christina Silva con sus dos hijas y Ben Sharpe.

Al final del servicio hubo lágrimas y abrazos que aliviaron el dolor, pero no borraron las injusticias cometidas. Fue un momento muy emocionante donde el arrepentimiento y el perdón público fueron necesarios para sanar las heridas profundas que habían marcado a aquella comunidad y congregación.

Nunca pensamos que estas cosas puedan ocurrir en una iglesia, pero cuando usted pasa más de 17 años en ellas, como es mi caso, se da cuenta que la iglesia no siempre es el refugio donde recibimos la comprensión y el amor que todos esperamos. En ocasiones he visto y he vivido las injusticias de líderes que demandan un respeto que no se han ganado y una autoridad que no se merecen. Lamentablemente estas personas en posición de liderazgo, ocasionalmente demuestran más preocupación con el legalismo y las normas que con la condición espiritual del creyente. Al final todo se centra en el poder. La intransigencia y el desamor  los lleva a cometer errores que impactan a toda la iglesia, o sea a cada uno de sus miembros.

Es loable que esta iglesia reconociera su error públicamente, lo cual es poco común, pero aún más importante es que con amor y humildad extendió su mano para buscar el perdón y la sanidad.

El “abuso espiritual” puede tener serias consecuencias en una iglesia. Nunca sabremos cuántas personas se van en silencio sin hacer comentarios, aunque sí con el corazón destrozado por la actitud de algún líder que no midió sus palabras o las consecuencias de sus acciones.

Debo de confesar que el principal culpable de este tipo de “abuso espiritual” soy YO. Es fácil ver esta historia y relacionarla con otras personas, pero si uno llega a examinarse bien, es uno mismo el que comete esta atrocidad, es por eso que pido perdón a aquellas personas que con mi autoritarismo ofendí y lastimé. Prometo tratar de ser el pastor que Dios y ustedes merecen. GRACIAS.

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Categories: Personal
Escrito por: Alonso
Última edición: 21 Sep 2009 @ 07 12 AM

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