Pensamientos de un (no tan) joven pastor

Pastores, ¡dejen de casarse con sus secretarias!

Durante estas últimas semanas, en las cuales mi esposa ha desarrollado una grave condición debido a su embarazo; he tenido que hacer de enfermero, cocinero, amo de llaves y otros tantos oficios que nunca creí que iba a desarrollar. Y la verdad, es que no me molesta por nada del mundo, al contrario; el poder servir a mi esposa, me ha hecho apreciarla y amarla mucho más.

No puedo decir que somos la pareja perfecta, pero ciertamente estos últimos años, han sido los mejores de todo nuestro matrimonio. La confianza que hemos desarrollado, la transparencia y sobre todo, el querernos y amarnos no por lo que hacemos, sino por lo que somos.

Pero para ser sincero, los primeros años fueron muy difíciles, en especial porque yo actuaba equivocadamente, exigiendo a mi esposa que se convierta en una secretaria personal en el ministerio. En ese tiempo yo quería una líder para la iglesia, más que una compañera de vida. Había mucha presión de parte de muchas personas, incluyendo mi pastor. La verdad que eso arruinó mi matrimonio.

Laura se casó conmigo porque me amaba y no porque era un pastor, y yo no pude hacer lo mismo con ella, sino que yo quería que sea “la esposa de pastor” ideal para el ministerio.

Cuando veo ahora a jóvenes pastores, que se casan, no por amor, sino por presión y por la necesidad de tener a alguien quien enseñe a los niños y lidere a las mujeres de la iglesia, me apena mucho. Porque no saben el daño que están a punto de causar; y lo digo con autoridad, porque durante los últimos años, lamentablemente he escuchado a muchas esposas de pastores, lamentar su vida, quejar de sus esposos y hasta odiar el ministerio.

POR ESO, PASTORES, ¡DEJEN DE CASARSE CON SUS SECRETARIAS! Y cásense con aquella dama, que les robó el corazón a la que quieras servir por el resto de tu vida, sin esperar nada a cambio.